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27 De Abril del 2006

Inmigración

Yo, inmigrante
Más allá de las multitudes que han salido a protestar ante las propuestas legales de inmigración, en discusión, se esconden rostros como los que acá les presentamos

Rómulo Hernández

Con pasaporte a la mano o no, la vida del inmigrante nunca es fácil. A menudo se debe aprender a usar un idioma que no siempre refleja la diversidad de sentimientos experimentado en el lejano terruño. Con frecuencia le corresponde al forastero ejercer cargos que envuelven mucho trabajo físico aunque el intelecto no sepa de acentos.

Las costumbres ajenas pueden llegar a chocar al principio y hasta el clima se convierte algunas veces en un esbirro, que la primera vez entusiasma por lo novedoso, pero otras veces se convierte en carga, cuando debe lucharse por un puesto en el bus para intentar llegar a tiempo a ese nuevo trabajo que promete dólares que resuelven tanto en el exterior.

Sin embargo, el entusiasmo por la vida y la perseverancia pueden ser tan grandes que a veces nos deja un listado de ejemplos, para observar y reflexionar. He aquí algunos de ellos;

Mojado en pesticidas
Acababa de llegar a sus 20 años cuando el entonces, estudiante de Economía, Jerry Domínguez, decidió atravesar el río Grande. No tenía cómo conseguir la visa, el pasaje en avión o dinero para continuar sus estudios en la Universidad Autónoma de México. No tenía otra opción:

-Eramos como ocho los que conformábamos ese grupo. No nos conocíamos, sólo nos unía el querer venir a Estados Unidos.
Acá le esperaban los campos de tomate de Immokalee (Florida) y los sembradíos de pepinillos y durazno de Summerton en Carolina del Sur. El trabajar en exceso, el pelear por un mínimo de salario y, en el camino, sufrir la discriminación, se convirtieron en cotidianos. Pero aún le faltaban experiencias por tener:

-Quienes trabajábamos en el campo no estábamos acostumbrados a ver a los aviones volar tan bajito. Entonces, cada vez que pasaba uno sobre nosotros, veíamos hacia arriba y nos dejábamos mojar como por una llovizna que soltaban. Después de ver llagas en nuestra piel o inflamaciones, específicamente en las partes de piel que teníamos descubiertas, fue que supimos que se trataba de pesticidas. Luego, íbamos a alguna clínica u hospital y nos preguntaban por nuestra ‘aseguranza’. Por supuesto que no teníamos.
Lavaplatos y limpia-mesas fueron los siguientes cargos, en Flemington (Nueva Jersey). El 89 se mudó a la ciudad de Nueva York donde deambuló por las calles por un par de semanas hasta encontrar otro trabajo en un restaurant.

Los siguientes empleos le permitieran volver a la universidad. En el transcurso de ese tiempo se casó y tuvo dos hijos. El año 98 obtuvo con honores su licenciatura en Ciencias Políticas en John Jay College. Al año siguiente obtuvo un diploma en Estudios Laborales de la universidad de Cornell y junto a otros activistas fundó la Asociación México-Americana de Trabajadores (AMAT).
Hoy día cursa estudios de Derecho en la universidad John F. Kennedy de Pleasant Hill, California, se desempeña como organizador de trabajadores inmigrantes con UCFW, Local 1179 de Martínez e igualmente con el Sindicato de la Salud SEIU, que le trajo a Sonoma por un tiempo para orientar a un grupo de empleados de la zona. Así mismo ejerce como voluntario el cargo de Consejero del Instituto de los Mexicanos en el Exterior.

Este conocido sindicalista se empezó a conocer a nivel nacional hace un par de meses, trás lanzar hace un par de meses su campaña simbólica a la presidencia de México, que se efectuará el dos de julio, para denunciar la situación dramática de sus paisanos en el exterior. A sus coterráneos les aconseja:
-Debemos organizarnos acá, en Estados Unidos. México está en México.

Un adolescente entre uvas
Reynaldo Robledo tenía apenas 15 años cuando llegó a California, en 1966. Desde poco antes de nacer su padre había empezado a cruzar la frontera hasta los viñedos de Napa, como trabajador migratorio. A los 16 el hijo Reynaldo se sumó a la cuadrilla de trabajadores de Calistoga, también en los campos de uvas.

Empezó ganando $1.10 por hora. Pero ello le sirvió para cumplir su meta de enviarle dinero a su familia en Michoacán, México.
Se quedaba horas extras, luego que el resto del equipo de trabajo (integrado en su mayor parte por primos, tíos y su padre) se marchaba a dormir. Así empezó a aprender los secretos de las matas, las maquinarias y los equipos en general para producir el vino.

A los 18 ya estaba encargado del equipo de trabajo. Lo demás ha sido traerse a su esposa. Trabajo. Tener sus nueve hijos. Más trabajo. Hasta comprarse su propio rancho, en Carneros, y experimentar con las cosechas que le han dado fama a sus vinos, bajo la marca Robledo Family Winery. Hoy a los 55 años se siente tan orgulloso de su ancestro mexicano como del país que le recibió y aplaude por sus frutos.

A los 12, en los viñedos.
Esa fue la edad cuando Amelia Morán (hoy Ceja, por su esposo) llegó a Napa, donde sus padres trabajaban en los viñedos. Atrás dejaba su bello Jalisco (México) y las amistades y familiares de infancia.
Pronto las hileras de parras se convirtieron en pasadizos donde por igual se entretenía jugando que ayudando a su familia en el trabajo fuerte de sembrar, podar y cosechar.

Su familia la impulsó a estudiar y aunque se decidió por Historia y Literatura en la Universidad de California (San Diego), ya había estado inmersa en el conocimiento de la Viticultura por haber asistido antes a la Universidad de California-Davis.

Su aprendizaje enriqueció el legado que sus padres y suegros ya le habían aportado a la familia. Hoy día desde la presidencia de Ceja Vineyards, presenta a sus hijos como parte de la doble tradición, los estudios universitarios y la industrialización del vino, como también se puede dar el lujo de mostrar la portada dominical que el New York Times le dedicó y los galardones recibidos como Mujer del Año 2005, de la legislatura de California y como una de las hispanas más influyentes otorgado por la Cámara de Comercio de San Francisco.

Sobre su comunidad se expresa:
-A los hispanos nos hace falta ayudar a fortalecer el poder político para que no se nos eche la culpa de lo malo que ocurra acá.