Quemando llanta
Los pilotos de agarre toman la vida rápida y furiosa
Ray Sikorski
El Sol de Sonoma
Para un corredor de agarre, el cielo existe en las nubes, enorme y blanco como el humo que crean quemando los neumáticos de su vehículo. Estas son las cosas de la vida.
“Presumiendo profesionalmente,” uno de los hombres de seguridad de Infineon Raceway nos dice: ¿Pero qué hay de malo en eso? Para los pilotos de agarre, el derrapar, igual que el deslizamiento, es algo que uno debe evitar, o al menos corregir tan pronto como sea posible, pero en el “drifting” se trata de dar la apariencia de estar totalmente fuera de control. Aquí lo que importa es el estilo y no la velocidad. Los pilotos ganan puntos por la longitud, el ángulo, la velocidad y la cantidad de humo que producen las llantas en un sobregiro a cuatro ruedas, por eso muchos describen a este deporte con la palabra tensión.
¿Y el estilo? Tiene que ver con jalar el freno de emergencia con delicadeza, deslizándose peligrosamente a través del pavimento, acercándose a la vaya pero sin chocar. Es lo que todo adolescente con un permiso de manejar sueña hacer algún día. Actualmente alguien decidió hacer de esto un deporte. “ Una cosa muy vísera. Tienes que confiar en tu entrenamiento,” dijo el corredor Tanner Foust. “No hay tiempo para planear algo.”
Foust de 33 años, estaba entre docenas de entusiastas carros de agarre que descendieron en ‘Infineon Raceway’ unos fines de semana atrás para demostrar sus habilidades en la ‘Formula Drift.’. Esta es una competencia que ha sido muy popular en el Japón durante más de 10 años, la practica del Drifting ha aumentado su popularidad en los E.U., recientemente puesto en la pantalla grande bajo el nombre de la cinta “The Fast and the Furious: Tokyo Drift”.
“Hay una batalla interna natural que encuentro intrigante,” dijo Foust, cuyo pasado está en las competencias y en enseñar a conducir. Para él, la idea de ir a 90 millas por hora, pisando los frenos y derrapar el carro pone los elemetos básicos de la humanidad en un conflicto el uno con el otro: instintos naturales corren al encuentro de la propia técnica. Para ir a la derecha, da vuelta a la izquierda. Observa a donde quieres ir, no a donde estas. Piensa. No pienses. Aunque parezca confuso, en este deporte lo extraño se vuelvo cuerdo.
“Cuando supe que esto vendría a los Estados Unidos, era mucha diversión como para dejarla pasar,” comentó él. Fue la habilidad de Foust para balancearse que lo hizo convertirse en uno de los mejores pilotos de agarre en los Estados Unidos, y ayudó al chico malo D.K. de la película “Tokyo Drift.” con las vueltas y posiciones del coche para las escenas.
Los pilotos usan ruedas traseras de gran grosor para sus vehículos de carreras; muchos de los corredores venían directamente de Japón. Sus carros tenían el volante del lado derecho y corrieron al igual que los del volante del lado izquierdo. A todos los coches se les cambian los neumáticos después de dos o tres veces de recorrer la pista corta. (“Si no tienes un patrocinador de llantas, estás quebrado,” remarca el vocero de la Formula Drift, Fred Chang.) Los carros corren de a dos a la vez, uno justo detrás del otro, y los jueces dan puntos basados en la velocidad de entrada, como siguen la linea, y que tan de lado siguen los carros.
¿Simple, justo? Es solo cosa de ir lo más rápido que puedas, golpeando los frenos tan fuerte como puedas y controlar el coleo del vehículo alrededor de la pista. Justo como el típico adolescente saliéndose de la salida en el 101. ¿Verdad? Bueno, no, pero primero lo primero. Lo primero que hay que que hacer es ponerte tu casco y abrocharse el cinturón, que es exactamente lo que Foust me hizo hacer después de invitarme a su carro un AEM Memphis Car Audio twin-turbo Nissan 35 OZ para ir a dar una vuelta de práctica. Ya había visto a Foust llevar a la fotógrafa del Sol Rebecca Gosselin en la primera vuelta a 85 mph con ¿un poco..mucho... de freno de mano? ¿De pie? Lo único que sé es que vi el carro de Rock Star patinando sus cuatro ruedas a centímetros de la barrera de choque, así que yo no necesité mucho engatusamiento para abrocharme el cinturón. Foust me dio un repaso breve de su plan de curso, el cual envolvía jalar el freno de emergencia, emplumando los frenos de pie, floreciendo el acelerador, contraer los engranajes del embrague y cambiar de puesto, casi todo al mismo tiempo. Asi sonaba, de todas formas. Ademas, “Abrir la puerta cuando terminamos, para dejar salir todo el humo del carro.” ¿Huh?
Bueno, no hay tiempo de pensar, solo hay tiempo para detenerte – ese es el único plan que importaba una vez que comenzamos. Bajando la colina a una velocidad rompe cuellos, mis instintos sobrevivientes salieron... y luego comenzamos a colear. Las llantas giraron a 90 mph, yo ni supe en que dirección íbamos, noté solo cuales frenos estaba usando Foust.. ¿Instinto? ¿Técnica? La única batalla interna que noté fue la mía, la cual era entre resistir o volar.
Me resigne, supongo que hay un tipo de gracia y belleza en todo esto, sosteniéndome mientras nos movíamos ligeramente de lado, dejando pilones, barreras de choque y otros carros de carrera atrás. Es pacífico, casi como ser lanzado de un cañón a un lago congelado, evitando rocas, árboles y hoyos, a excepción de los sonidos y mucho humo nocivo por todos lados.
Al hacer nuestro coleo final y llegar a la meta, Foust me dijo que abriera la puerta para dejar que el humo saliera de la cabina. Nos estábamos sofocando en él – una gruesa nube blanca, compresa con silica y otros componentes de neumatico sintético, todos dañinos. Pero mientras el humo se limpiaba, la sonrisa de Foust lo decía todo : Sigo siendo un adolescente con un permiso para manejar, excepto que ahora lo hago para mantenerme.
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