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15 De Junio del 2006

EDUCACION

Un puente entre dos mundos: El filósofo de high school, Jesús Guzmán

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Este articulo fue traducido del Sonoma Valley Sun donde fue previamente escrito en inglés.

Breanna Lee
El Sol de Sonoma

El no diría que fue algo especial lo que lo atrajo a la biblioteca aquél día hace ya al rededor de un año. A punto de ir a un paseo escolar, Jesús Guzmán, un estudiante del grado 11 en la escuela preparatoria del valle Sonoma, estaba en busca de algo que lo mantuviera ocupado. Ese día, eligió la “República” de Platón y cambió su vida para siempre.

“Es extraño elegir un libro escrito por un filósofo,” dice Guzmán, quien dio un discurso acerca de la oportunidad que tuvo de encarar con Platón en una cena de la Fundación de Educación del Valle de Sonoma. “Pero es aún más extraño que sea Platón. Si hubiera elegido a Camus o Sartre, hubiera sido un ateo. Me condujó a una idea de Dios que me hace más feliz, porque he notado que muchos ateos son infelices.”

Un miembro de avid del club de filosofía en la preparatoria, Guzmán cree que Platón fue responsable de fijarlo en la pista de la universidad, no en la escuela.
“No comencé a leer por la escuela. La escuela y yo nunca nos llevamos bien.” Sin Platón, el cree que sería “probablemente otro autómata. Probablemente estaría afuera pintando algo con spray, o jugando videojuegos como antes.”
Ahora, de tardes de televisión a leer libros de literatura clásica, y de clases de inglés básicas a la clase más avanzada disponibles en la preparatoria, Guzmán todavía venera el libro que lo impulsó hacia adelante.

“No era exactamente predicación o intento de transportar ideas... era solo un tipo de conversación regular,” dice Guzmán de Platón. “Sus ideas perduran; no son terminantes a su tiempo.”
Aún, la transición de graduarse con honores y clases avanzadas de colocación fueron sus dificultades. Sus amigos, sin el beneficio de Platón, a veces no lograban entender los intereses de Guzmán por la filosofía y por la literatura clásica.

“Siempre están diciendo, ‘Andale, vamos de fiesta, deja ese libro,’” comenta Guzmán con una sonrisa. “Creo que puedo entender de donde vienen.”
También le disgusta que le pongan sobrenombres. Como uno de los pocos estudiantes latinos en algunas de sus clases, es llamado como el “Hispano inmigrante religioso”. Como filósofo y voraz lector, es llamado “nerd” y polilla por sus amigos. En ambas categorías, Guzmán es forzado a dejar el juego abajo.

“Realmente no me importa ocultarlo...No pierdo el sueño por eso,” añade rápidamente.
Tener una excelente maestra de inglés este año también lo ayudó en el transcurso.

“Ella [La Sra. Allison Manchester] tiene un ambiente muy tranquilo. No es poderoso y no elige personas en sus discusiones. Es una gran maestra.”
De cualquier manera, Guzmán es firme en señalar que no fue la escuela la que cambió su vida.

“En mi caso, leo mucho fuera de la escuela. Una vez que se me dice que haga algo, le pierdo el interés.”
En adición a una apatía rebelde hacia métodos autoritarios de enseñar, él también cree que la escuela no proporciona suficientes retos intelectuales.
“Las escuelas son más como una fábrica que crea robots. Ellos no necesitan un filósofo, o una clase de filosofía. Ellos desalientan esta idea.”
Guzmán, quien desesperadamente desea una clase de filosofía, también se da cuenta del lado oscuro de la misma. “A veces pensar mucho puede traer malos pensamientos.”

A pesar de su ardiente amor por la filosofía, Guzmán sigue siendo un adolescente. Escucha rap, sale con sus amigos, y ve televisión al mismo tiempo. Mientras ve Los ‘America’s Funniest Home Videos,’ Guzmán puede encerar poesía sobre Platón, Sócrates, Alexander Pope, y Maria Doria Russel.
“Sí, vivo en dos mundos,” bromeo, “pero afortunadamente tengo buen transporte entre ellos.”

En una nota más seria, el señaló, “El hecho es que la filosofía aplica casi a todo. No parece como una gran división entre los dos porque aplica a todo lo demás.”
Guzmán desea ir a la universidad después de la preparatoria y tener un título en filosofía. A pesar de muchas advertencias pragmáticas, el quiere tener un posgrado para aprender más sobre la filosofía y la vida, más bien que como manera de propulsarse en un trabajo de alto pago.

“Asumimos que todo tiene que ver con lo material,” dice, soñando como alguno de sus filósofos favoritos. “Crecemos, vamos a la escuela, conseguimos un trabajo, tenemos hijos, y morimos. Nadie piensa al respecto. Nadie se pregunta ‘¿Porqué estamos aquí?’ o simplemente ‘¿Porqué?’ Ellos podrían tener un momento existencial en el centro comercial un día, pero luego solo están hambrientos y van a Burger King. Los filósofos, la gente que ama la filosofía, tienen esa pregunta en sus cabezas todos los días.”

Como un filósofo adolescente, Guzmán tendrá esa pregunta siguiéndolo por el resto de su vida, todo por una un extraña decisión de la biblioteca pública.
“No había razón para ello,” dice Guzmán, riéndose sobre la importancia de una selección afortunada. “Solo estaba aburrido.”