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16 De Marzo del 2006

Comunidad

Ana Rodríguez, vistió de hombre por un futuro

Dos empleos y un curso de inglés le llenan una jornada que empieza a las 7:00 a.m. y termina a la medianocheAna

Rómulo Hernández
Foto: Rebecca Gosselin

Ana Rodríguez se siente muy orgullosa de ser mujer. Sin embargo cuando salió de Michoacán (México) no dudó ni un instante en ocultar su género con unos rudos pantalones masculinos. La pobreza obliga. Tras ella dejaba a sus padres y hermanos en el humilde hogar donde se crió. Ocultar su hermoso pelo largo y las curvas de la cadera se le hizo imperioso.

Al norte de su país le esperaba otra lengua, con la cual seis años más tarde aún lucha por aprender en la escuela Altimira, en pleno valle de Sonoma. Trabajar y estudiar se convirtieron en su meta más importante. Aún cuando tenga que dejar media vida dividida entre dos trabajos y unas clases nocturnas para aprender a decir y repetir, casi sin acento: “Can I help you?”.

Lo ha hecho tan bien que ya se desempeña como Encargada de Turno en el restaurant de comida rápida Jack in the Box. Ya habrá tiempo para el amor o para los hijos cuando tengan que venir. Por ahora su mayor preocupación es que sus padres reciban cada dos semanas esa parte de su salario que les resuelve tanto.

Cada día se levanta a las siete de la mañana, llueva o truene. Busca una emisora que le devuelva a Juan Gabriel o a Luis Miguel e inicia su jornada que varias veces a la semana termina a las doce de la medianoche, cuando ya probablemente la mayoría de sus clientes va por su tercer sueño.

No sólo está orgullosa de ser una hermosa mujer. También lo está de haber conseguido en este tiempo sus documentos como residente legal y de poder contar, un poco de su historia, sin temor, ya que la experiencia de inmigrante pareciera últimamente convertirse en sinónimo de vergüenza. Las propuestas de leyes y la multiplicación de grupos anti-inmigrantes, poco a poco han ido convirtiendo el derecho a expresarse, en una quimera. Ella no se amilana. Sabe, que por su esfuerzo, trabajo y buenas acciones, muchachas como ella, merecen más que un Día de la Mujer, o una edición especial de un medio de comunicación.