Sun Logo
FineLife logo

18 De Mayo del 2006

bajo la lupa
Legalizando
Pareja inmigrante encuentra el camino foto
a la ciudadanía lleno de peligro


Historia : Ray Sikorski
Fotos: Rebecca Gosselin

Cuando Genny y Antonio Barrios se casaron, sintieron que ambos ya habían pasado suficiente tiempo como trabajadores indocumentados, encadenados a trabajos de medio tiempo y viviendo en la oscuridad.

Genny creció en Yucatán, México, y cruzó la frontera ilegalmente cuando tenía 11 años junto a sus tres hermanas, su hermano y su madre. Su padre, un residente legal, trato varias veces de obtener la residencia legal para su familia, pero no pudo juntar $10,000 suma que necesitaba para un abogado.
“Era imposible para él obtener esa cantidad de dinero,” comentó Genny. Después de años de espera, las leyes cambiaron y la familia ya no era elegible.
Antonio Barrios vino de Zacatecas, México en 1990, cuando tenía 14 años. Su cultivo se había plagado a causa de una sequía en México. “Es muy duro. Es muy difícil vivir,” dijo Antonio. “Si siembras maíz, casi no hay lluvia.”
El vino a Sonoma, donde un hermano vivía, pasó su primer año recogiendo uvas. La mayor parte del dinero que ganaba se iba para el “coyote” quien lo ayudó a cruzar la frontera. El año siguiente Antonio asistió a la escuela preparatoria del valle de Sonoma, aunque no hablaba una palabra de inglés. Trabajaba por las noches de lavaplatos, cocinero y como ayudante de camarero. “Era muy difícil tratar de encontrar trabajo. Hasta era difícil saber donde estaba la escuela.”

La pareja se conoció en la escuela en el programa de Inglés como Segunda Lengua, donde Genny trabajaba como tutora. Se casaron en 1995, Antonio encadenado a trabajos de medio tiempo y Genny trabajaba limpiando casas. La pareja tuvo a su primer hijo, Jonathan, en 1998.
No pasó mucho tiempo antes de que los comerciales de televisión comenzaran a hacer publicidad sobre la personalidad jurídica de los inmigrantes y la hicieran sonar atractiva. Los comerciales eran por abogados prometiendo asilo político para inmigrantes quienes habían estado en el país por más de diez años, y que tenían hijos nacidos aquí. “Tratamos de legalizar nuestra situación de esa manera, pero los mexicanos, no podían solicitar esa opción,” dijo Antonio. “Era una mentira.”
La pareja había sido engañada. El abogado se llevó su dinero y llenó los papeles necesarios, lo cual puso a la pareja inmediatamente en un limbo legal. Admitieron, en papel, ser ilegales. Tendrían que defenderse frente a un juez; si no podía probar algo que justificara su estancia en América, serían deportados. “Si el juez decide que no hay ninguna dificultad, ustedes o sus hijos, pueden regresar,” dijo Genny. Si hubiéramos sabido eso desde el principio, si alguien nos lo hubiera explicado, no nos hubiéramos arriesgado.”
La pareja fue de abogado en abogado, buscando la manera de ganar el caso. “No queríamos arriesgarnos porque escuchamos de personas quienes aplicaron de la misma manera que nosotros, y fueron deportados,” agregó Genny. “Los estaban deportando, y a sus familias las separaban.”
Después de un abogado poco prometedor a otro, uno de ellos finalmente preguntó si ellos tenían niños con necesidades especiales. Jonathan, de tres años, había sido diagnosticado en preescolar con Attention Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD). Era hiperactivo y constantemente hacia cosas peligrosas. “Corría frente del autobús o algo y no lo veía como peligroso,” comentó Genny.
Aunque la enfermedad de Jonathan era difícil y problemática, probaba ser la salvación de los Barrios. Los padres, quienes estaban muy envueltos en la escuela y en las actividades de la comunidad, recolectaron evidencia de doctores y psicólogos, así como al rededor de 60 cartas de maestros y líderes de la comunidad, incluyendo al alcalde Ken Brown,
“Escribí una carta fabulosa, lo digo yo mismo,” dijo Brown, quien conocía a los Barrios a través de su participación en Ballet Folklórico y Saludo a las Artes. “Porque lo que escribí era real. Muy trabajadores, ciudadanos que respetan la ley, y en el proceso ayudan a crear una mejor América. Fue un honor y un privilegio escribirles esta carta, y estaba muy enojado cuando todo esto paso.”
En agosto 2003 los Barrios ganaron su caso, y recibieron su residencia legal un año después. Desde entonces Antonio – ahora residente legal – consiguió un mejor trabajo, y Genny puede quedarse en casa con sus tres hijos. “Es mejor porque trabajamos de lunes a viernes, ocho horas, y puedo pasar tiempo con mis hijos,” comentó Antonio, comparándolo con los múltiples trabajos de medio tiempo que solía tener. “Ahora soy legal, puedo tener cualquier trabajo. Tengo más opciones.”
A pesar de su éxito, ni Antonio ni Genny aconsejan la ruta que ellos tomaron. “En la escuela muchos padres me preguntan, ‘¿Lo recomiendas?’” dijo Genny. “Y yo digo, ‘No a menos que tengas un juez bondadoso, o un buen abogado, quizás una dificultad extrema.’” Ella dice que tan solo el estrés de no saber si su familia podría quedarse o sería deportada a un país extranjero para sus hijos no merecía la pena tomar el riesgo. Ella dice que su consejo para otros ilegales es, “Vive en la oscuridad hasta que algo cambie.”
La pareja planea aplicar para la ciudadanía el próximo año, su primer año de elegibilidad. “Con todos estos cambios en curso, queremos ser ciudadanos, para no
arriesgarnos a pasar por lo mismo de nuevo,” agregó Genny. “Una de las principales razones por las que queríamos hacerlo era para poder votar,” dijo Antonio. Ellos explicaron que querían una voz para poder ayudar a cambiar el sistema.
“Aunque tienes tu residencia de E.E. U.U. te sigues sintiendo igual – sabes que haz estado ahí, donde la gente ilegal esta ahora. Quieres votar para ayudarlos también, porque nosotros sabemos que estuvimos en la misma situación que ellos,” dijo Antonio. “Lo que lo hace difícil es que no hay nada que puedan ofrecer para hacer más fácil el ser legal.”
Antonio dejó el trabajo para ir al boicot nacional inmigrante en 1 de mayo, y la familia asistió a la reunión en la plaza de Sonoma esa misma tarde. Ellos orgullosamente cargaron las dos banderas la mexicana y la americana en su camioneta, y dijeron que apoyan la amnistía para los inmigrantes ilegales. “Todo lo que la gente quiere mejorar día a día,” agregó Antonio.