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EDUCACION
Para que no pierdan clases
Linda Patterson, la Oficial de Asistencia de la Escuela Preparatoria de Sonoma,
hasta ‘jala cobijas’ para levantar a los alumnos que no quieren asistir a sus cursos
Denise Fowler-Horsfall
El Sol de Sonoma
Levantar a los niños de la cama en la mañana para ir a la escuela no es fácil. Se quejan, se dan vuelta y continúan durmiendo. Gritarles, regañarles hasta jalarle las cobijas de la cama son sólo algunos de los métodos más comunes utilizados a diario para lograr que los niños se levanten y no lleguen tarde a la escuela.
Pero ¿qué podemos hacer si nuestros hijos se rehusan a cooperar?, ¿cómo evitar que un adolescente se valla de pinta? ¿qué hacer si el alumno es tan obstinado que, ningún adulto puede hacerlo asistir a la escuela? ¿a quién puede recurrir un padre, tutor o un representante escolar?
Pues Linda Patterson es la persona indicada para ese trabajo. Labora en el Distrito Unificado del Valle de Sonoma en Bienestar y Asistencia de Niños. En lenguaje regular su enorme título se traduce como “oficial de asistencia’”
Es fácil imaginar a quien labora en este tipo de funciones como alguien rudo, y tal vez hasta malo, en fin, alguien sin sentido del humor. Linda Patterson no resulta así. Toma su trabajo muy en serio pero, en cierta manera deja que su buena naturaleza trabaje por ella. Patterson supervisa la asistencia de los alumnos en el Distrito Escolar del Valle de Sonoma. Su territorio abarca todas las escuelas primarias del distrito, las escuelas ‘charter”, y las preparatorias (incluyendo Gateway y Creekside). Como se podría esperar, su mayor esfuerzo lo hace para que los estudiantes de la escuela preparatoria de Sonoma asistan a los salones de clase, aunque muchos de los estudiantes pequeños también se resguardan en su somrilla.
Con los ingobernables
El Código de Educación del Estado de California requiere, “... asistencia regular y obligatoria a la escuela...” para estudiantes entre las edades de 6 a 18 años. El proporcionar la oportunidad de una educación a los niños de California es parte fundamental de nuestra sociedad. De cualquier manera, muchos jóvenes (y algunos adultos) no comparten la misma idea.
El trabajo de Patterson puede a veces obligarla a asistir a la casa de un niño de 9 años al igual que a la de un adolescente ingobernable. Su trabajo no sólo es seguir la pista de los estudiantes de la high school que se van de pinta o dejan de asistir a clases, sino también de transportar a los niños que perdieron el autobús por la mañana. Ella trata con familias en crisis y les ayuda a conocer a los jóvenes sus limites o deberes.
En ocasiones tiene que hacer visitas a domicilio cuando un padre llama a la escuela y dice, por ejemplo: “He tratado por una hora de hacer que Carlitos se levante, pero no quiere.”
La escuela se encarga de llamar a Patterson. Ella va a la casa del estudiante, en lo que ella llama cariñosamente como el “Móvil de Asistencia,” un carro que utiliza para ir a buscar a esos estudiantes que no están en la escuela:
“Si el padre me permite entrar a su casa, con gusto los ayudo a motivar al estudiante para que vayan a la escuela.”
Su acercamiento es simple en la primera visita. Firmemente le dice al niño, “Sal de la cama y levántate. Vas a ir a la escuela y puedes ir con tu padre o conmigo.” La presencia de un adulto de fuera es a veces suficiente para convencer a un niño para que se mueva pero, “algunas veces depende de la edad. Los más pequeños están dispuestos a ir. Pero con los estudiantes más grandes, es necesario usar un lenguaje más fuerte para motivarlos.”
Patterson utiliza un método probado y comprobado para iniciar el diálogo entre el estudiante y ella. Le deja saber al estudiante sus opciones: “Puedes elegir ir a la escuela en pijamas o en ropa normal.”
El noventa y nueve por ciento del tiempo los niños se cambian y se van con ella. Sus reglas son que deben tener zapatos puestos y sus dientes cepillados antes de abordar el “Móvil de Asistencia”. De hecho ha habido casos en los que ha llevado a estudiantes en pijama a la escuela. Esto ha dejado una impresión en más de uno de estos alumnos. La palabra de Patterson es tomada seriamente.
Las raras ocasiones cuando un estudiante pone obstáculos para no ir a la escuela o que se le convierte en un hábito el pedirle la ayuda, entonces Patterson pide los servicios del Departamento del Sheriff o de la Policía de Sonoma. Jerome Cobert, el oficial de Recursos Escolares de la escuela preparatoria (SVHS) constantemente apoya a Patterson en este tipo de situaciones. En casos como estos nuestra entrevistada les da nuevas opciones: ser escoltado hasta la escuela por ella o por un oficial uniformado.
Linda Patterson trabaja muy duro para que cada estudiante en el distrito pueda asistir a la escuela. Hace dos años recuerda que “recogía a un estudiante del último año de preparatoria, todos los días, en la entrada de donde yo recogía el Móvil de Asistencia, para llevarlo a la escuela.”
El año pasado llamaba a tres niños, cada día para asegurarse de que estaban despiertos puesto que sus padres se iban a trabajar temprano.
Los más rebeldes, los
de la high school
Las mañanas no son los únicos momentos ocupados de esta oficial. Los estudiantes de la preparatoria son los responsables de ocupar la mayor parte de su tiempo en el trabajo. El problema para los estudiantes de High School es que, por cada cuatro veces que falten a una clase, ellos pierden créditos. La pérdida de tan solo un crédito significa tener que repetir el curso. Imagínese haber cursado todo el año y por haber faltado a dos semanas de álgebra, por ejemplo, enterarse de que tiene que repetirlo a consecuencia de sus ausencias.
La preparatoria de Sonoma ofrece varias opciones a los estudiantes para recuperar los créditos, como por ejemplo atender a la escuela los sábados, reducir la carga de las clases, o transferirse a una de las escuelas alternativas. De cualquier manera, el animar a los chicos a permanecer en clase es el objetivo principal de Patterson.
A veces un estudiante es referido al programa de asistencia habitual. En ese caso Patterson manda a su casa una carta en nombre del Distrito Escolar informando al padre o guardián sobre la materia. La primera carta especifica la obligación legal de mandar a los chicos a la escuela y explica que, “a falta de satisfacer esta obligación lo hace culpable de una infracción y conforme a un procesamiento legal.”
Una copia de esta carta es enviada al Fiscal del Distrito (DA) el cual genera su propia carta. Esta ultima de la oficina del D. A. generalmente obtiene la atención necesitada por la familia del estudiante por eso especifica que la multa por las faltas de su hijo puede ser de más de $2,500 más un año de cárcel.
En casos más severos, una segunda o tercera carta es enviada. El nivel de implicación de los oficiales del distrito y de los consejeros aumenta. Patterson reporta que en la High School ha habido más de 300 “Primeras llamadas de atención por ausencias” y se han referido de 10 a 15 casos al Fiscal del Distrito. Estas remisiones resultarán en una visita a la corte frente a un juez.
“Los chicos que faltan a la escuela según las cifras corresponden en número igual a hombres y mujeres” comentó Patterson.
“Tampoco hay una característica étnica prevelaciente. Todos están perdiendo la misma cantidad de créditos,” agregó la entrevistada quien estuvo 23 años como miembro del Departamento de Policía de Sonoma. Mantener a los chicos por el buen camino es una parte vital de su trabajo. Según ella el daño que causa las faltas de los estudiantes no sólo perjudica a éstos sino también a sus compañeros. Por cada día que los estudiantes no estén en clase el SVUSD pierde $42. Ese dinero se pierde no sólo de los programas académicos sino también de clases de arte, música y deportes.
Linda Patterson aprecia mucho el programa de deportes en la escuela preparatoria, particularmente al equipo de atletismo. De hecho se desempeña también como entrenadora de salto alto, triple salto y salto largo. Incluso concursó por la preparatoria de Redwood cuando era adolescente y fue a una competencia del estado. Ya va por su quinto año entrenando al equipo de salto de Dragones en la High School:
“Me encanta la temporada de atletismo. Yo soy una persona que le gustan los deportes al aire libre y disfruto de estar rodeada de los chicos.”
El entusiasmo de Patterson se extiende a los eventos escolares también. Por muchos años ha creado un carro alegórico para el desfile de bienvenida de la escuela preparatoria. En una ocasión el “móvil de asistencia” fue decorado con piernas de maniquí saliendo de la cajuela y el tema “Dragon ‘em back to school” se extendió a lo largo de un lado del coche. Este año (con la ayuda de algunos estudiantes) cubrió su propia camioneta con un dragón enorme.
Ella dijo, “Es una manera divertida para los chicos el saber que soy una persona real. Soy estricta y tengo reglas pero aún así soy una persona divertida.”
¿Y por qué no voy?
Su trabajo puede ser serio pero Patterson ha encontrado mucho humor en él. Actualmente se encuentra escribiendo un libro tentativamente llamado, “¿Por qué no estoy en clase?.” Hasta ahora lleva 10 capítulos con títulos como “Cosas que he encontrado en mochilas” y “En el río” (el lugar predilecto para pasar el rato cuando no vamos a la escuela). Ella jura que nadie será identificado y que la única referencia para Sonoma será su cobertura verde en honor al color de la escuela de los Dragones. La mayoría de sus frases son de estudiantes que ella ha encontrado fuera de clase, algunas se convierten en historias. Un chico tiene un capítulo entero dedicado a él. La dulce frase con que termina el capítulo dice, “Este capítulo termina porque él si se graduó.”
Linda Patterson pone en una balanza su difícil trabajo al notar que: “No puedes salvar a todos. Tratas y lo haces lo mejor posible pero no puedes salvar a todos.”
Sin embargo siempre recuerda aquellos que, de cualquier manera, protagonizan historias de éxito: “Tengo chicos que se me acercan el día de su graduación con sus togas y me dicen que ‘Si no fuera por mí....”
“Y es que los regañé y los regañé en el noveno grado, en el décimo y el undécimo y lo lograron,” agrega orgullosamente.
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