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12 De Octubre del 2006

Opinion

La presión nos hace sentir cansados

Ismael García
Especial para El Sol

Cada día nos vemos expuestos a una gran cantidad de información. La importancia que le damos tiene sus jerarquías y somos nosotros quienes decidimos qué hacer con ella. A algunos de nosotros, por un oído nos entra y por el otro nos sale. A otros no.
Desde hace tiempo, se ha escuchado una noticia que para muchos solo significa un dato más, pero para otros transforma su diario vivir. Me refiero a las “redadas” de migración. A cierta gente, nos afecta directamente y nos volvemos impotentes ante la realidad.
No voy a referirme u opinar sobre la legalidad o moralidad de las redadas. Me limitaré a comentar un poco sobre el impacto que causa en nuestras vidas diarias. Porque ese impacto no se ve, no aparece por ningún lado y sin embargo existe. Por instinto tememos enviar nuestros hijos a las escuelas. ¿Qué sería de mis pequeños si me atrapa la migra?, ¿Quién les explicará con palabras que ellos entiendan lo que ha pasado?, ¿Por cuánto tiempo no podré verlos?, vamos al trabajo, comemos, vemos la televisión, nos acostamos, hacemos todas las actividades diarias, pero ese riesgo, esa realidad esta allí no la podemos cambiar.

Nos andan cazando. Esa es la manera más simple, directa y objetiva de decirlo. Si es legal o moral, no quiero opinar. En palabras mas claras no se puede decir. Merodean los lugares que visitamos, saben donde buscar. Como el cazador que acecha los “bebederos” de sus presas, sabiendo que tarde o temprano necesitaran agua. Así mismo el INS merodea las tiendas, los restaurantes y otros lugares como la pulga y las escuelas.
He conocido casos de personas que fueron deportadas aún y cuando podían probar su status migratorio. Simplemente no tenían sus “documentos” con ellos al momento de ser atrapados, eso es, los cazadores nos atrapan.
También existe un gran impacto en nuestros pequeños hijos, ellos que están conociendo y aprendiendo del mundo, leen nuestros rostros, escuchan nuestras conversaciones y asimilan la tensión en la casa, nos ven nerviosos y se preocupan sin entender la dimensión del problema. Pero van a la escuela y allí se reflejan sus preocupaciones en una distracción, en una baja de rendimiento escolar. ¿Cómo quieren nuestras escuelas que nuestros hijos no reaccionen? ¡Si nos están cazando!

No es lo mismo andar libre y sin la preocupación de ser atrapado. Otras serian las condiciones si la cacería no existiera, pero aún con esa realidad encima, cada día sacamos adelante a nuestras familias, nuestra comunidad y eso que nos sentimos cazados.