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26 De Octubre del 2006

Deportes

El Clásico de Sonoma fue una Fiesta de Fútbol
Altamira y Adele volvieron a empatar en otro partidazo que llenó las expectativas
de los muchos espectadores que se dieron cita en Arnold y Boyes Boulevard

Martín Rivarola
El Sol de Sonoma

¡Gracias muchachos y muchachas de las escuelas Altimira y Adele Harrison!
Gracias por su fútbol, por dejar todo en la cancha, por sudar la camiseta, por hacernos vibrar con otro “clásico”, y fundamentalmente por poner el nombre de nuestro deporte, el fútbol, dónde debe estar: “el deporte más bello de este planeta”.

Era la revancha. Ambas escuelas venían de derrotar a todos las otras escuelas, con excepción claro de su adversario clásico, porque como usted recuerda el primer partido disputado hace unas semanas en Adele Harrison había terminado en un emocionante empate a tres goles cada uno.
Y esta vez, como corresponde, el partido de vuelta se jugaba en Altimira, que contaba con el apoyo de muchos papás y mamás a un lado del campo. La selección de Adele Harrison llegaba al partido con la espinita de haber empatado en casa el primer clásico, un partido que lo tuvo para ganar, que casi lo pierde y que terminó empatado. Señor, Señora, amigo y amiga lector,… ¡el segundo clásico se dio igual solamente que a la inversa! Igual de emocionante, de cambiante, con jugadores que demostraron su casta y con un empate final que fue justo y que deja muy bien paradas a ambas escuelas.
Altamira arrancó con todo. Con un Irving Ventura inspiradísimo, salió a llevarse por delante al visitante. La pelota era del local, la tenía Irving y de sus pies salían todos los ataques. Y llegaron los goles. El primero fue de Víctor Robles, el segundo de River Charles y el tercero de Irving Ventura. Corría el primer tiempo y Adele no se hallaba en la cancha y encima perdía por tres goles. Nadie marcaba a Irving y un gran jugador sin marca hace daño. Dos asistencias y un golazo de remate de larga distancia.

En el segundo tiempo, todo fue diferente. Adele Harrison mandó a Lucas Rivarola como marcador central para seguirlo de cerca de Irving y Diego Dávila de extremo izquierdo. Ahora la pelota era de los visitantes y con Diego en gran forma, comenzaron a sucederse las situaciones de gol. Primero llegó el de Leslie Bustos y luego otro gol de Mario Smaldino. Altamira 3, Adele 2. El partido era para cualquiera. Sin embargo, la entrenadora de Adele sacó a Diego y el equipo sintió la falta de profundidad que un jugador de clase I puede generar. Irving, que perdía con su marcador, sacó una joyita más de su pie derecho, asistencia para otro gol de River y con el 4-2 parecía que el clásico y el campeonato serían para los locales.

Adele no se dio por vencido y siguió buscando. Lucas se doblaba entre la marca y la creación de fútbol y los hermanos Johnston, Coner y Rory, mostraban que son ambos excelentes jugadores. La insistencia dio sus frutos y en un mal despeje de un defensor, Adele se volvía a poner a tiro de otro final dramático. Parecía que el partido se terminaba, cuando en una corrida por derecha y luego de pasar con una gambeta muy bonita a su marcador, Leslie mandó el centro hacia el área. Un defensor de Altamira quiso despejar pero no hizo más que cabecear a su propio arco, descolocando a su propio portero y poniendo las cosas 4 a 4. A los pocos minutos llegaría el silbatazo final y el agradecimiento de un público feliz después de presenciar un hermoso partido de fútbol.