Una columna para chichos y grandes
Estimado lector, grande o pequeño, es un honor contribuir en tu sueño, de alcanzar mil estrellas y conquistar mil imperios. Solamente si lees la sección que El Sol, ha creado para ti. Cuentos de fantasía, anécdotas cotidianas, cuentos con bellos mensajes para tu vida e interesantes leyendas milenarias... todo ésto y más en tu
PAGINA LITERARIA.
¡BIENVENIDOS!
Gabriel Sánchez Navarro
Especial para El Sol
Incógnito
Frente a tus pupilas dilatadas, fuera de la luz se esconde, de las sombras hace casa y si le llamas no responde.
Pende del techo como las arañas; y te observa como los gatos. Su mirada cínica gusta de verte hecho un guiñapo. Bajo tu cama le encuentras, jugando con tus zapatos, rasguñando el piso o gimiendo a ratos. Tiene un suntuoso palacio en cada rincón de tu cuarto; ahí entras tú, de vez en cuando. La llave es: el sudor de tus manos, el escalofrío involuntario, el aliento contenido o los gritos que en tus adentros se van cuajando. La llave
puede ser un punzante dolor de cabeza, un poco de llanto derramado o la oración que sólo empiezas y que no acabas, pues, te encuentras ¡¡asustado!!
Hay mil llaves que te conducen a estos oscuros palacios. Tú decides si las usas; tú eres libre de entrar donde yace el más horrendo de los monstruos desencadenado: el miedo.
El llanto
De pronto en aquella quietud, “que aman los santos” escuchábase un sollozo...escuchábanse unos llantos.
Los árboles deseaban huir de aquel bosque desolado. Se balanceaban hasta crujir de espanto. Los perros rechinaban los dientes y no hallaban refugio que los mantuviese a salvo. El viento, furiosa diligencia, con miles
de caballos relinchando; aquel llanto iban guiando. La luna compadecida, suplicábale cada noche a su amado,
el sol, un poco de su luz para mantener el camino iluminado. Uno de tantos caminos por los que aquella madre había buscado, sus tres niños y el perdón para su descanso.
No abras la puerta
A quien vaga por las calles
arrastrando una cadena,
flotando en los aires
padeciendo una condena.
Suplicante voz inofensiva
llamará a tu puerta constante,
no des respuesta compasiva
o te helarás al verle su semblante.
Mas si osaren tus pies, en guiarte,
ante la puerta que se desmorona
lleva una cruz por delante;
y que el cielo te libre de Leonora.
¡Haz caso del perro que te avisa!
Y al viento que choca en tu ventana
¡detén el paso, no tan de prisa!
Si quieres ver el sol mañana.
No te conmueva su triste llanto
¡créeme, lleva siglos buscándolos!
En el cielo moran entre tanto,
sus hijos que mató ahogándolos.
¡No abras la puerta, regrésate ya!!
O sus ojos, tus ojos se beberá...
piensa: es un loco que viene y va,
es una pesadilla que pasará.
Si por azar del destino
has de escuchar: ¡Ay de mis hijos!!...
¿Cómo estarán?...
Haz caso omiso o la verás.
Continuará...
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