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Todos me lo decían este último año, pero es difícil de entender hasta que llega el momento: el último año se pasa volando. A veces, siento que todo pasó rápidamente mientras hacía tarea. Quizás hay una enorme deformación de tiempo que se enciende, porque ciertamente no se sentía que los días se pasaban rápidamente, pero de repente, es junio y me gradúe. Realmente parece inverosímil. Toda mi vida he planeado ir a la universidad, pero creo que nunca pensé que tendría que graduarme de la prepa primero. En cierta manera, creí que estaría en la prepa por siempre, esperando que el resto de mi vida comience. Creo que nunca me di cuenta de cuanta vida estaba viviendo en la prepa. En su mayoría, nadie disfruta la prepa. Es solo un choque de hormonas y adolescentes. Yo solía pensar que la prepa era el lugar donde todos trataban de ser tan sucios como podían, solo para saber lo que no debían hacer por el resto de sus vidas.
Hay un fenómeno que yo personalmente bauticé como “Síndrome del último año.” Una vez que el anuario está listo, el nivel de afecto por otras personas aumenta exponencialmente. De repente, personas que apenas si conoces quieren firmar tu anuario, vagamente esperando que puedan dejar una marca duradera por última vez. Nunca entendí esto hasta este año. Este año me he dado cuenta que irme es triste y al mismo tiempo feliz. Los últimos días dejan un sabor amargo, como de limonada o de chocolate oscuro.
Pero hay algo amargo sobre la prepa en este momento. Todos nos estamos dando cuenta lentamente de que probablemente no nos volvamos a ver. Melodrama, siempre una característica de la prepa, parece explotar en esta etapa del año. Pero desemejante al drama usual, este si tiene un fundamento. Nos vamos. Y ahora, irónicamente, estamos tristes.
Estoy triste. Mientras esperaba que mi vida comenzara, me di cuenta que ya la estaba viviendo.
Asistir a la preparatoria del Valle de Sonoma ha sido de los momentos más dramáticos e influyentes de mi vida. La gente mayor quizás se burle de esto, pero yo pienso que quien eres en la prepa afecta a quien serás toda tu vida. La prepa quizás no afecte en realidad niveles de éxito o de felicidad, pero es donde realmente creces. Se aprenden lecciones en la prepa, dentro y fuera de clases, y estas se quedan contigo para siempre. En la prepa es donde aprendí las bases de la vida. Aprendía un nivel de matemáticas más elevado y aprendí a venderme a las universidades. Aprendí errores históricos y cometí algunos también. Aprendí a ser yo misma, lo cual es probablemente la lección más valiosa que alguien pueda aprender.
No fueron tan solo los maestros o las clases. No me lo tomen a mal. He tenido maestros grandiosos, de hecho profesores que han ganado reconocimientos. He tenido maestros que me han enseñado más de lo que creí posible de aprender; he tenido maestros que me han apoyado y maestros que me han retado. Los profesores son, de alguna manera, de las personas menos respetadas en el mundo.
Pero la graduación no se trata de los maestros, sin importar cuanto nos han ayudado en el transcurso de nuestro camino. Esto se trata de la Generación 2007, sobre los chicos que se las han arreglado para convertirse en adultos. Se trata de los estudiantes que me han enseñado sobre las realidades físicas de la humanidad. Estas son las personas que me han hecho darme cuenta de que nadie puede realmente estar solo, por más que lo intenten. Esta es la generación que me hizo reconocer que mi vida no es solo mía, sino una serie intrincada de conexiones conmigo misma y con los demás.
Esto es para la Generación 2007. Que logren sus sueños.
¡Felicitaciones!
El Sol felicita a todos los estudiantes latinos que se graduaron este año escolar y quiere compartir con ustedes una frase del líder campesino César E. Chávez.
“No podemos buscar logros para nosotros mismos y olvidarnos del progreso y la prosperidad de nuestra comunidad ... Nuestras ambiciones deben ser tan amplias para incluir las aspiraciones y necesidades de otros, para el bien suyo y propio.”
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