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28 De Junio del 2007

Comunidad
Fuegos pirotécnicos alumbrarán el cielo de Sonoma este próximo 4 de Julio

Material Suministrado

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La anual exhibición de fuegos pirotécnicos del Día de Independencia, patrocinada por los Bomberos de Sonoma, se ha programado para iluminar el cielo de Sonoma este año nuevamente. Pero por regulaciones de seguridad del estado, el popular caminito de Sonoma y “The Alameda” - la calzada de tres líneas de la Casa de Vallejo - estarán cerrados cerca de la Casa del General Vallejo desde las 9 p.m. hasta media hora después de la exhibición.
“Sé que quizás sea inconveniente para algunos espectadores, pero estamos pidiendo la cooperación de todos para poder mantener nuestro récord de seguridad perfecto” dijo el jefe García del Departamento de Fuego y Rescate del Valle de Sonoma.
La demostración de fuegos pirotécnicos de Sonoma se ha convertido en una tradición para las familias locales y para los visitantes. Financiado en su totalidad por donaciones de la comunidad y presentado por bomberos locales voluntarios, los juegos pirotécnicos son una manera segura y agradable de celebrar el Día de la Independencia. Los fuegos artificiales personales, como los que venden en las otras ciudades del Condado de Sonoma, son ilegales en todo el Valle de Sonoma.
Dependiendo de las condiciones de la luz de la luna y de las condiciones de las nubes, los espectadores pueden esperar que los fuegos artificiales de comiencen entre las 9:30 y las 9:45 p.m. Atentos a los tiros ocasionales de prueba antes de que el show comience.
Se aceptan comentarios y donaciones en la Estación de Bomberos de Sonoma ubicada en el 630 de la Second Street West. Llame al 996-2102 para más información.

Feliz Aniversario Padre

Kate Williams
El Sol de Sonoma

Sin nuestra habilidad única de emplear amnesia selectivamente, nosotros - como especie - podemos tropezar, caer, y ser aplastados por el peso de muchas cosas tristes y malas que suceden sobre el curso de la vida. Nosotros somos criaturas resistentes, capaces de sobresalir y de continuar a pesar de horribles divorcios, perdidas de amistades, angustias, corazones rotos. Desde nuestra niñez, estamos programados para perdonar y olvidar, y nos hemos hecho buenos en lograrlo. Miren como hemos pasado rápida y colectivamente tragedias como Columbine, el franco tirador de DC, hasta el 9/11. Casi tan duro, si no está en primera plana, o en las noticias, en algún nivel, deja de ser real. Pero algunos rencores deben ser recordados, consolidados y atendidos hasta que produzcan algo de fruto. Ciertos crímenes no tienen vida útil, no tienen “fecha de caducidad.” Algunas cosas son simplemente inolvidables. Tomen al Padre Ochoa por ejemplo. En su posición de autoridad, como boquilla santificada de la Iglesia Católica de St. Francis Solano, se las arregló para volar bajo el radar por un buen tiempo, aunque hubiera evidencia de impropiedad desde el principio. El hirió a sus feligreses hispano hablantes, bajo una vestimenta de sacerdote, escuchando sus confesiones, bendiciendo sus bodas y bautizos, mientras les echaba un ojo a sus hijos. Su fluyente español, y sus auténticos lazos en la comunidad se infiltraron fácilmente en la comunidad latina: se convirtió en su confesor, su sabio consejero, su propio hombre sagrado. A pesar del chisme que lo siguió de parroquia en parroquia, para los creyentes que confiaron en él, sus motivos se asumieron como puros. Aún cuando trajo a un niño de vacaciones y lo instaló en su casa de Santa Rosa. Aún cuando se detuvo en la casa de un feligrés y forzadamente se llevó a su pequeño hijo. Aún cuando los cuchicheos se tornaron en gritos, los motivos del Padre Ochoa no fueron disputados. Eso es, después de todo, la naturaleza de la fe.
Hace un año, con la soga que él mismo se puso alrededor de su cuello finalmente comenzó a atarse, el Padre Ochoa llenó su pequeño carro con lo que pudo y desapareció en una preciosa mañana de verano. Sin mirar atrás, abandonó su apartamento, su poste y a la gente que prometió servir, y se desvaneció. Después la historia realmente creció. Primero vino la culpa débil de la jerarquía de la iglesia, hombres con trajes pesados detrás de puertas cerradas, cuidadosos en alinear sus historias. Después un memo secreto, invitando a los feligreses a reservar su juicio, para mantener la fe, para perdonar la ingenuidad del obispo. La historia consiguió llegar hasta los encabezados; se convirtió en la conversación de reuniones. Mientras el verano se hacía largo y caluroso, también crecía la indignación de católicos locales que se preguntaban: ¿cómo es que no nos dimos cuenta? ¿y ahora qué hacemos? Mientras el Padre Ochoa disfrutaba del calor de su amado México, un temor enfermizo se asentaba en nuestra comunidad. Los hechos emergían lentamente, goteando de la diócesis poco a poco. Diez cargos por felonías. Un almacén lleno de pornografía y de drogas ilegales. Un desfile de pequeños lastimados, inocentes condenados a vivir con daños de primera mano por las acciones depravadas de un sacerdote. Y después, un nada repentino.
No más encabezados. No memos. No justicia, no Padre Ochoa. Solo silencio, profundo y aún como una noche de verano. Excepto en las casas de las víctimas. Ahí, los niños luchaban contra las horribles pesadillas, y los preocupados padres se dieron prisa en responder sus temidos llantos por la noche. En las casas de sus víctimas, la paz permanece elusiva, sacrificada en los santuarios más seguros, involuntariamente dada a un hombre amigable con collarín blanco y con una pronta sonrisa. Es por todos esos niños que debemos forzarnos a recordar al Padre Xavier Ochoa, desaparecido por un año ya. Debemos rehusarnos a la salve de amnesia y concordar con recordar colectivamente que una vez un hombre muy malo se ocultó en plena vista. Feliz aniversario, Padre, lo recordamos muy bien.
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Feliz Aniversario Padre